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sábado, 3 de octubre de 2015

Leyenda Mexicana de Baja California

En un pueblo cerca de Ensenada, Baja California, estaba una bonita casa habitada por una joven llamada Tai. La muchacha que tenía muchos gatos a los que amaba y cuidaba cariñosamente. Todos en el pueblo conocían su desmedido amor por los felinos, razón por la cual la llamaban La Muchacha de los Gatos.
Una noche de luna llena, Tai oyó que llamaban a su ventana con fuertes golpes; en seguida se levantó de la cama para averiguar qué sucedía. Abrió la puerta y se encontró con un gato negro que le miraba fijamente con sus hermosos ojos amarillos y brillantes. Al ver la puerta abierta, el gato se le acercó ronroneando y frotándose en sus piernas. Tai lo acarició con cariño, lo metió a su casa y se fue a acostar de nuevo.
El gato negro demostró ser el más cariñoso de todos: acercaba su hociquito a la cara de Tai, la lamía, le hacía carantoñas, la seguía adonde iba, y dormía con ella en la cama. Tai estaba encantada con el gato negro al que había puesto el nombre de Moira, Destino; sin embargo, la chica observó que los demás gatos, más de veinte, se iban yendo poco a poco. A Tai este hecho la entristeció y la desconcertó mucho, no sabía a qué obedecía el abandono de sus gatitos. Tenía miedo de que una gata siamesa llamada Garci que era su preferida, se fuera y la abandonara,  así que decidió dedicarle más tiempo y cariño.
Un día que regresaba de su trabajo, se dio cuenta que ya nada más le quedaban dos gatos, el negro Moira y la siamesa Garci. Tai, tomó en sus brazos a Garci y le prodigó besos y palabras dulces; al voltear a ver a Moira, se dio cuenta que el gato estaba furioso, con los ojos rojos, arqueado del lomo y con los pelos parados de punta, a la vez que maullaba amenazadoramente. Por la noche, cuando la joven le dio un poco que crema a la gata, el gato negro en el colmo del enojo, se abalanzó sobre la gatita y se puso a pelear con ella. Tai no podía separarlos y salió de la casa a buscar a su vecino Armando para que la ayudara. Al regresar vio que la gata siamesa yacía en el suelo muerta y el gato negro se limpiaba, tranquilamente, las garras. Ante tal macabra escena, Tai se puso a llorar, tomó una escoba y echó al gato negro a la calle.
Durante muchas noches el gato maulló en la ventana esperando que le abrieran la puerta para entrar. Un día, lo encontró dentro de la casa; el gato se veía enorme y amenazador. Tomó la escoba y trató de sacarlo, pero no pudo, pues el gato negro saltó sobre ella, la arañó y la mordió. Tai, gritaba y trataba de zafarse del gato; entonces, Moira enredó su cola alrededor del cuello de la muchacha y apretó con fuerza hasta que la mató; en seguida saltó por la ventana y se alejó.
Al ver los gatos que el asesino había huido volvieron a la casa y maullaron durante dos días seguidos. Los vecinos, ante tanto maullido, acudieron a la casa de Tai y encontraron su cadáver putrefacto.
Sonia Iglesias y Cabrera


sábado, 18 de julio de 2015

Leyenda de Miedo: La Piedra

En la región sureña de la Ciudad de México conocida con el nombre de Tlalpan, “sobre la tierra”, se encuentra una población llamada Fuentes Brotantes por sus manantiales que vienen de la Sierra del Ajusco. Un arroyo atraviesa la población, y junto a éste puede verse una enorme piedra, a la cual sus pobladores designan como La Piedra.


La leyenda nos cuenta que cada dos años, los días 24 y 31 de diciembre, la enorme roca desparece y en su lugar puede verse una miscelánea. Cuando algún visitante de las Fuentes Brotantes entra a la tiendita para comprar alguna cosa que se le antoja, inmediatamente la miscelánea se cierra y la mágica piedra vuelve a aparecer. Adentro de la roca existen muchas cavernas, y esas cavernas conducen a diferentes destinos. Si los que se adentraron a la tiendita escogen una buena caverna, pueden volver a salir, los que se equivocan en la elección nadie sabe a lo que deberán enfrentarse y qué cruel destino los espera, pues ya nunca se les vuelve a ver.

Dentro de la piedra vive La Llorona, conocida también como la Cihuacóatl, quien por las noches sale de ella para pasearse por la orilla del arroyo hasta llegar a un pequeño lago que conduce a un islote. Sentada en él, La Llorona espera, noche tras noche a que aparezca algún enamorado para matarlo. Cuando llega el amanecer, la mujer-fantasma regresa a su piedra para volver a salir al día siguiente y tratar de atrapar a algún incauto.

Sonia Iglesias y Cabrera

jueves, 2 de julio de 2015

Leyenda de Terror: Los Turistas Descreídos

En cierta ocasión, una pareja de turistas llegó a la Ciudad de Querétaro procedente de la Ciudad de México; deseaban conocerla ya que les habían dicho que era muy bella. Se hospedaron en un bonito hotel de la plaza central y decidieron cenar en una fonda que encontraron a una cuantas calles.

La mesera que les atendía al darse cuenta que eran fuereños les advirtió que no debían salir a la calle después de las tres de la mañana, porque se aparecían unos niños vestidos de blanco que se llevaban a las personas.

Ya eran muchas las que habían desaparecido misteriosamente y nunca se las habían encontrado. Así había pasado con gente del lugar y con muchos turistas que no habían hecho caso a las advertencias que se les había dado.

Pero la pareja, creyéndose por encima de las supersticiones  y las leyendas de aparecidos, no hizo caso y se fue a la plaza a beber cervezas y a retar a los fantasmas infantiles. De pronto, se encontraron rodeados de niños de blanco cuyos rostros no podían ver; eran niños chicos con la vestimenta blanca pero traslúcida.

En un momento dado pudieron ver sus caras que eran angelicales, pero con una expresión malévola y diabólica que los llenó de terror. Al principio, pensaron que los lugareños les estaban jugando una broma y que se trataba de niños disfrazados; sin embargo, cuando los diabólicos niños empezaron a acercarse, la pareja se dio cuenta de que no se trataba de un engaño sino de seres del otro mundo.

Cuando menos se los esperaban, los niños agarraron de la mano a la mujer y se la llevaron, disolviéndose en la nada. El esposo la buscó, le gritó aterrado, pero sus gritos se perdieron en la noche. No la encontró, había desaparecido para siempre.

El esposo regresó a la ciudad de México, no podía quitarse de la cabeza lo acontecido; pasada una semana, sus parientes lo encerraron en la Castañeda, pues se volvió completamente loco.

Sonia Iglesias y Cabrera

jueves, 25 de junio de 2015

María Ignacia y Domingo

Don Fausto Cruzat y Góngora se embarcó desde Manila, donde fuera gobernador, en el año
de 1702 hacia la Nueva España. Lo acompañaban su esposa y sus cuatro hijos. En el viaje murió don Fausto y una de sus hijas,  solamente llegaron a tierras americanas su esposa, dos hijos y su hija llamada María Ignacia. En el mismo barco iba Domingo Sánchez Tagle, joven criollo de rica familia asentada en la Colonia. Antes de llegar a la Nueva España los jóvenes se habían enamorado y comprometido.

En cuanto llegaron, Domingo fue aprehendido por órdenes de virrey duque de Albuquerque acusado de contrabando por haber sacado y entrado mercancías de las Filipinas  para ser vendidas en el Mercado de El Parián, donde tenía su comercio su padre, sin haber sido declaradas oficialmente. Por su parte, la familia Cruzat se fue a vivir a una casa en el barrio de la Tlaxpana. Los muebles eran orientales, así como los criados que procedían de China y Filipinas. Debido a tanto lujo oriental al poco tiempo María Ignacia fue apodada La China.

Por su enorme fortuna y su belleza, la joven contaba con numerosos pretendientes que la acechaban a la salida de misa en la Iglesia de San Cosme. Pero la joven se mostraba impávida ante sus enamorados, en espera de que su amado fuese liberado. Su pretendiente más asiduo era el conde de Santiago, quien contaba con el apoyo de la familia Cruzat y con el del virrey; en cambio, la virreina Juana de la Cerda y el arzobispo don Juan Ortega y Montañez se mostraban partidarios de los amores de María Ignacia y Domingo.

Como la familia acosaba a María Ignacia para que correspondiese a los amores del conde, el arzobispo decidió depositar a la joven en el convento de San Lorenzo. Cuando finalmente el joven salió de prisión acudió al convento acompañado del clérigo y se casó con María Ignacia el 14 de junio de 1704.

En cuanto los Cruzat se enteraron del matrimonio pidieron al virrey que lo anulara, pero ya era demasiado tarde. Los hijos y los sirvientes se armaron y acudieron al convento, pero los novios ya se habían ido. Furiosos, le obligaron al padre y al tío de domingo a pagar una multa de diez mil pesos cada uno, pero la pena se les revocó debido a las influencias que tenían. Cuando las autoridades atraparon a Domingo, todos sus bienes le fueron confiscados para pagar la multa que a su padre y tío se les había condonado.

María Ignacia regresó al convento, y como sus hermanos intentaron matarla, el virrey les ordenó prisión domiciliaria y el pago de una multa de diez mil pesos. Sánchez Tagle fue conducido a San Juan de Ulúa por varios campesinos, para ser embarcado hacia Panzacola, en los Estados Unidos.
María Ignacia triste y nostálgica, se enfermó de tifus, siempre llamando a su esposo en su lecho de agonía. En su testamento ordenó que a Domingo se le pagasen los gastos matrimoniales más una cantidad de diez mil pesos. Pero la hermosa joven nunca volvió a ver a su amante y murió el 17 de julio de 1706, sin haber vuelto a ver al desgraciado joven desterrado.

miércoles, 15 de octubre de 2014

La pirámide del Tajín

Los abuelos relatan que en una cueva situada entre Totomoxtle y Coatzintlali, existía un templo dedicado al dios del trueno, la lluvia y las aguas de los ríos. Siete sacerdotes se reunían en el templo cuando llegaba el tiempo de sembrar las semillas y cultivar la tierra. Siete veces invocaban a los dioses, y cantaban en dirección a los cuatro rumbos del universo. Siete por cuatro suman veintiocho, el número de días de que consta el ciclo lunar. Los sacerdotes tocaban el gran tambor del trueno, arrastraban pieles de animales por la cueva, lanzaban flechas encendidas al Cielo, para que la potente lluvia arrojara sus aguas a la selva. Entonces llovía a torrentes y los ríos Papaloapan y Huitzilac se desbordaban.

El tiempo fue pasando; y en un momento dado llegaron gentes extrañas que decían venir de tierras lejanas. Arribaron por el Golfo de México. Los hombres, las mujeres y los niños extranjeros siempre sonreían, parecían estar muy felices, y en efecto lo estaban, pues después de haber pasado muchas calamidades en el mar, por fin habían llegado a tierras tropicales donde encontraron frutas, animales, agua potable y un hermoso clima. Decidieron asentarse en las tierras encontradas a las que llamaron Totonacapan.

Sin embargo, los siete sacerdotes que vivían en la caverna no estuvieron de acuerdo en que los totonacas invadieran sus tierras, y decidieron producir muchos truenos, relámpagos, , y lluvia para asustarlos. Llovió por mucho tiempo. Alguien se dio cuenta de que tales catástrofes las producían siete sacerdotes que moraban en una cueva. Los totonacas se reunieron en cónclave y decidieron embarcar a los siete sacerdotes provistos de alimentos y agua, y enviarlos al mar de las turquesas, de donde nunca más regresaran. Pero quedaba el problema de los dioses del trueno y de la lluvia. Conscientes de que nada podían hacer contra las divinidades que causaban tales estropicios naturales, los sabios sacerdotes y los principales señores totonacas decidieron adoptar a los dioses, venerarlos y rendirles pleitesía,  para evitar su furia vengadora se hicieron sus fieles.

En el mismo sitio donde estaba la cueva, el templo, y los dioses del trueno y la lluvia, los totonacas levantaron otro magnífico templo, la Pirámide del Tajín, que en lengua totonaca significa el “lugar de las tempestades”. A los dioses del trueno de de la lluvia, se les rezó durante trescientos sesenta y cinco días, que es igual al número de nichos con que cuenta este magnífico templo, para que durante todo el año se tenga buen tiempo y la lluvia caiga satisfactoriamente cuando llega el momento de regar las milpas.
http://www.mitos-mexicanos.com/leyendas-cortas/

sábado, 11 de octubre de 2014

Fundación de puebla

La leyenda de la fundacion de pueblaCuenta la leyenda que un obispo soñó con la ubicación de la nueva ciudad que tendrían, los ángeles le mostraban donde estarían los límites de la misma.

Trenzaban trenzas mostrando donde terminarían, por eso es que se llamó al lugar “Ciudad de los Ángeles” fue donde anteriormente los indígenas decían que las serpientes iban a cambiar sus pieles, un paraíso en verdad, pero lo malo del lugar era que fácilmente se inundaba, empezaron a construir.

Y al poco tiempo tuvieron que moverse un poco, así fue que dejaron la ciudad de Puebla en el lugar perfecto, tanto así que fue muy fructífera la ubicación incluso para comerciar.

domingo, 14 de septiembre de 2014

Cuzán y el Maquech

Cuzán era una hermosa muchacha esbelta de ojos negros y rasgados, piel ambarina y largos cabellos lacios. Su padre, Ahnú Dtundtunxcaán, gran señor guerrero, la adoraba. Como ya Cuzán estaba en edad de merecer, su padre había escogido como su futuro yerno a Ek Chapat, el príncipe heredero de la ciudad de Nan Chan.

Cierto día, el padre de Cuzán regresó de la guerra con un muy buen botín y  llamó a su hija para que lo viera, pues todo el botín se lo regalaría. Cuzán acudió a la sala donde se encontraba su padre sentado en el trono, a fin de agradecerle tan maravilloso obsequió. Al entrar al recinto, observó que junto a Ahnú Dtundtunxcaán, se encontraba un guapo mozo: Chalpol, llamado así a causa de su cabello color rojo. Cuando ambos jóvenes se vieron quedaron enamorados inmediatamente. Se juraron amor eterno mientras hacían el amor bajo una sagrada ceiba.

El padre de Cuzán se enteró fatalmente de estos amoríos bajo la ceiba y, lleno de furia y dolor, ordenó que Chalpol fuese sacrificado. Cuzán estaba loca de pena y acudió muchas veces ante su padre para suplicarle que le perdonase la vida a su bello amado. Todo fue inútil: Ahnú Dtundtunxcaán se mostró inflexible. Cuando llegó el día señalado, Chalpol fue pintado de azul para el sacrificio y en el templo se quemaron varitas de copal. En el colmo de la desesperación Cuzán acudió una vez más a suplicarle a su padre que no diera muerte a Chalpol y que a cambio de su vida, prometía no volver a ver al joven y casarse con el príncipe Ek Chapat. Ahnú Dtundtunxcaán accedió de mala gana, bajo la condición de que Cuzán se encerrara en sus habitaciones sin salir. 

Al llegar la noche, su padre requirió su presencia, y la joven atravesó los patios del templo para ir a ver a su padre, ni qué decir tiene que con sus hermosos ojos buscaba ansiosa a Chalpol. Al llegar ante el mandatario, Cuzán preguntó por la suerte de su amante. El soberano la miró y sonrió socarronamente, pero nada dijo. Un hechicero se acercó a la joven, le dio un escarabajo, y dijo: ¡Cuzán, hermosa princesa, he aquí a tu enamorado, nuestro Halach Uinic le perdonó la vida, pero me ordenó que lo convirtiera en un insecto, en castigo por haberse atrevido a ser tu amante! La princesa tomó al insecto y dijo: ¡Yo juré nunca separarme de Chalpol y voy a cumplirlo!

Cuzán llevó el bicho a un joyero quien le incrustó en el pecho piedras preciosas y le ató una cadenita. La sufrida Cuzán lo tomó, se lo prendió al pecho cerca de su corazón y trémula pronunció las siguientes palabras: ¡Maquech, yo juré nunca dejarte, ahora estarás por siempre junto a mí muy cerca de mi corazón, y los dioses nos protegerán! Y así los amantes permanecieron por siempre unidos y amándose eternamente.

Sonia Iglesias y Cabrera

miércoles, 3 de septiembre de 2014

El Cacomixtle Retador

Hace mucho tiempo, en el Lago de Texcoco vivía una Rana que era muy feliz, siempre estaba cantando sin importar si había sequía o llovía torrencialmente. 

Cierto día en que se encontraba de lo más bien cantando a voz en cuello, repentinamente se quedó callada pues vio que se acercaba a ella un Cacomixtle o Tlacomixtle, “medio felino”, un bello animal que se asemeja mucho al mapache y que tiene el tamaño de un gato. Aunque asustada, Rana sabía que el Cacomixtle no la lastimaría pues se encontraba apartada de la orilla cantando sobre una hoja de lirio. Cacomixtle se detuvo a verla y como Rana retornase a su canto, se la quedó escuchando por un buen rato moviendo se bella cola esponjada coloreada en anillos blancos y negros. 

Impresionado por el bel canto de Rana, Cacomixtle no quiso quedarse atrás y le dijo: -¡Cantas muy bonito, Ranita, de eso no hay duda; sin embargo, yo soy el campeón en las carreras, no hay quien me gane a correr! Al escuchar sus palabras, Rana se quedó desconcertada ante tanta presunción que no venía al caso y replicó con sorna y un poco picada: - No veo por qué me dices esas cosas, ni que es lo que pretendes al presumir de tal manera, Cacomixtle. Nuestro amigo quiso farolear y le replicó a Rana un tanto cuanto insolentemente: ¡Querida y hermosa Rana, te propongo que nos echemos unas carreritas de aquí hasta ese claro del bosque, y veamos quién es el ganador! ¡Sal del agua, pues!

Ante el reto, Rana salió del agua muy dispuesta a participar en la contienda. -¡Voy a contar hasta tres y echamos la carrera! Dijo Cacomixtle muy ufano y seguro de sí mismo: -¡A la una, a las dos y a las tres! Justo en ese momento Rana se montó de un salo en la cola de Cacomixtle, el cual no la sintió, no se percató de nada. El Mediofelino echó presto la carrera, y llegó al claro del bosque volteó a ver en donde estaba Rana. Por lo agitado que estaba por la carrera y no se dio cuenta de que su rival descendía rápidamente de su larga cola, y se colocaba en la meta, cual si hubiese llegado antes que él. -¡Yo gané, yo gané! Gritaba Rana. 

Cacomixtle se quedó desconcertado y humillado porque había perdido la apuesta, pero ante la supuesta realidad no le quedó otra que aceptar su derrota ante Rana y frente a los demás animales que habían presenciado tan desigual reto. La hermosa Rana estaba muy feliz porque le había dado una muy buena lección al farolero y presumido de Cacomixtle, aunque hubiese recurrido a un pequeño engaño…

Sonia Iglesias y Cabrera

sábado, 30 de agosto de 2014

KIERI, el dios planta

Kieri, Árbol del Viento, es un arbusto de la familia Solanaecae, géneros Datura y Solandra, más conocido como toloache, para los indios huicholes tiene carácter legendario y sagrado, pues Kieri Téwiyari, la Persona Kieri, fue un dios que nació del viento, para convertirse en jefe y maestro de todos los brujos. Este dios encarnaba en los marakames para impartir sus enseñanzas y enseñar el empleo correcto del toloache.


Por medio de su sabiduría, los chamanes aprendieron a someter amorosamente a las mujeres y a convertirse en animales. Un día tuvo un malentendido con Kauyumari, el Hermano Mayor Venado, -el Venado Azul que huía a los peregrinos a Wirikuta para que obtengan el Peyote sagrado del cual es la personificación-  pelearon y fue vencido por su contrincante quien utilizó toda su astucia e inteligencia para vencerlo hiriéndolo con la quinta flecha que lanzó  impregnada de peyote y que tocó de lleno su corazón. 

Entonces, Kieri Téwiyari se convirtió en animales que vomitaron todas las cosas malas que existen en colores muy luminosos, y dejó caer por el mundo terribles enfermedades que afectan a la humanidad. Y aunque fue vencido no desapareció, pues continúa viviendo transformado en los arbustos de toloache que crecen entre los peñascos de la Sierra Madre, y continúa haciendo el mal ya que quien prueba dicha planta estará embrujado y se volverá completamente loco de por vida. Los hechizados por el dios Kieri-Toloache pueden también caer en un sueño tan profundo que nunca más despertarán de él. Para atraer a las persona, Kieri toca una hermosa música de violín y les incita a que prueben sus raíces, semillas, hojas, y flores. Cuando la planta se posesiona de los hombres y mujeres, se dice que tiene kierírriya, enfermedad que causa histeria y la pérdida del conocimiento.

Por este tremendo poder que tiene Kieri, los huicholes le hacen ofrendas, como por ejemplo flechas de plegarias, y le rinden tributo con gestos de carácter ritual dirigidos hacia donde se encuentra su hábitat rocoso. A Kieri Téwiyari se le puede pedir favores: las mujeres suelen pedirle que las convierta en magníficas tejedoras, y los hombres le solicitan ser excelentes tocadores de violín o marakames poderosos.

Sonia Iglesias y Cabrera

miércoles, 27 de agosto de 2014

Los Minincueo y la Joven que Brilla

Cuenta la leyenda que Pedro y Paula, una pareja de campesinos, tenía un hijo y una hija a quienes adoraban, y llenaban de amor y de besos. Como estaban los pequeños estaban muy consentidos les compraban muchas cosas y los mimaban. Cuando tenían como ocho y siete años, Pedro le dijo a su esposa que ya el dinero no le alcanzaba para nada, y que ya no podía alimentar y vestir a los niños, y que ya no los quería. Después de discutir el problema de lo que debían hacer con el par de criaturas, decidieron que ya no querían tenerlos y que los iban a dejar en el bosque para ver si alguien los encontraba, los cuidaba y los mantenía. Pedro llamó a Agustín y a Juana –que así se llamaban los rechazados vástagos-  y les dijo que se alistaran porque iban a ir al bosque a buscar leña.

A los niños les encantó la idea y se apresuraron a ponerle los aparejos al burro, prepararon un hacha, una cuerda, agua, y unas tortillas para el camino. Los tres marcharon rumbo al bosque. Después de mucho andar, cuando llegaron a un claro el padre les dijo que lo esperaran un momento porque iba a ver dónde había buena leña que acarrear,. Pedro se llevó al burro y dejó a los niños solos. Pasó el tiempo, empezaba a oscurecer, hacía mucho frío y el padre no aparecía. Agustín y Juana lo llamaron a gritos hasta enronquecer, pero nada, el padre no aparecía. Los niños se pusieron a llorar desesperados porque no sabían cómo regresar a su casa.

Cuando más desesperados se encontraban apareció una joven muy hermosa que brillaba mucho: -¿Qué es lo que les pasa, queridos niños, a qué debe ese llanto? Les preguntó. Los jovencitos le respondieron llenos de miedo: -¡Nuestro padre nos trajo al bosque a buscar leña y nos abandonó, no sabemos qué hacer ni cómo regresar! La joven brillante les propuso: - Dejen ya de llorar, que con eso no arreglan nada, si lo desean los puedo convertir en pajaritos. Los niños, azorados, se voltearon a ver y replicaron: - ¿En pajaritos? –Sí, contestó la joven que brilla, así volarán muy contentos y ya no llorarán. -¡Sííí!, replicaron al unísono Agustín y Juana, -¡Queremos ser pajaritos! La mujer que brilla efectuó unos pases mágicos, y los convirtió en hermosos pájaros a los que llamó Mimincueo. Desde entonces estos pajaritos abundan por estas tierras habitadas por indios nahuas de Puebla.

Sonia Iglesias y Cabrera

jueves, 21 de agosto de 2014

CHICOMEXÓCHITL Y EL MAÍZ

Mito nahua de la Huasteca
Había una vez un muchacho que se llamaba Chicomexóchitl, Siete Flor, que había nacido milagrosamente, pues su madre se había preñado cuando sin querer se tragó una piedra preciosa que había en al agua de un manantial adonde había ido a acarrear agua. La madre era nada menos que la Madre Tierra. El nombre del muchacho era simbólico, pues el Siete hacía referencia a la semilla, el centro, la perfección, la abundancia y la ofrenda; y Flor simbolizaba el amor, la hermosura, la creación y la sabiduría. Por lo tanto Chicomexóchitl era hermoso e inteligente. Además, era un chico travieso y siempre se lo encontraba danzando, bailando y haciendo música, cuando no cantando de alegría. 

Tenía una abuela que era muy mala y deseaba matarlo, pues era una tzitzimitl del Mal Aire, especie de deidad maligna y poderosa. Con el propósito de matarlo, lo enviaba a lugares peligrosos donde los animales dañinos pudieran comérselo. Pero siempre volvía sano y salvo de los mandados a los que la abuela lo enviaba. Cuando una  guacamaya se lo quiso comer, el muchacho le quitó su pico, y con el caparachón que pintó de una tortuga hizo un instrumento musical.

Como nada podía matarlo un día la malvada abuela le rompió el cuello y lo enterró. Cada día, la abuela acudía al terreno donde estaba sepultado su nieto y espiaba. Pasado cierto tiempo, la mujer vio que había crecido una plantita en tal lugar. La planta creció hasta que dio unos magníficos elotes. Era Chicomexóchitl que se había convertido en maíz. La mala abuela recogió los elotes de la planta y los desgranó para hacer masa de nixtamal, la cual echó al río, a fin de borrar cualquier rastro de su nieto. Pero en el agua Chicomexóchitl resucitó. 

Como castigo a la maldad de la abuela, Chicomexóchitl la quemó en un temazcal, después de que la abuela quiso quemarlo calentando mucho el fuego y el agua para que el muchacho sagrado muriese de asfixia. Las cenizas de la abuela se tiraron al mar, a la “esquina del mundo”, para librar a la humanidad de los actos malignos de la mujer. Sin embargo, la persona que fue encargada de arrojar los guajes que contenían sus cenizas, no los cerró bien y éstas se esparcieron y se convirtieron en moscas, avispas y abejas que transmiten enfermedades y dañan a las personas. La tonta persona recibió su castigo por su torpeza y se convirtió en un sapo a quien los insectos picaron y llenaron su lomo de granos.

A este Dios Maíz se le debe la invención de la danza, la música, el canto, la palabra y la escritura. También dio a los hombres la técnica para el cultivo del maíz, el arte y los conocimientos que necesitaban para vivir. Aun ahora Chicomexóchitl anda por los montes feliz y siempre cantando. Tal vez le encontremos algún día.

Sonia Iglesias y Cabrera

lunes, 18 de agosto de 2014

La Niña del Columpio

Una nena de 7 años con una de 9 años se encontraban jugando a altas horas de la noche en la plaza, muy tarde para que dos pequeñas estuvieran ahí, luego vieron en el columpio a una niña de espaldas, ella no se daba vuelta.

Pero cuando le preguntaron si quería jugar, la misma giro totalmente su cabeza y era completamente horrible, les dio mucho miedo y salieron corriendo, al tiempo enfermaron las niñas, tiempo después fueron a ver si veían algo de noche unos chicos, pero solamente vieron en movimiento el columpio sin que nadie estuviera en él, todavía no se sabe si esta leyenda ocurrió o que fue realmente lo que pasó aquel día.

jueves, 14 de agosto de 2014

El Escorpión

Una hermosa leyenda mexica nos cuenta que la diosa Xochiquetzal, provocadora y seductora de dioses y mortales, un día se propuso seducir a un sacerdote llamado Yapan. El religioso cayó en las garras de la diosa y sucumbió a sus encantos. Yáotl, advocación de Tezcatlipoca, enojado por la debilidad del sacerdote los convirtió en dos alacranes: uno negro y uno rojizo amarillento.


Reseña histórica:

La palabra escorpión proviene del latín scorpio cuyo significado es “alacrán”; a su vez, alacrán deriva del árabe al-ágrab. Este animal artrópodo pertenece a la clase de los arácnidos, su cuerpo se encuentra estructurado en dos segmentos llamados tagmas, posee un tronco o prosoma y un abdomen, el opistosoma bipartito. Tiene cuatro pares de patas de ocho segmentos y un aguijón con el que envenena a sus presas. Se conocen cerca de mil especies en el mundo de alacranes.

En tanto que símbolo cultural lo encontramos frecuentemente en las culturas antiguas del mundo dada su venenosa peligrosidad y su misterio que siempre ha fascinado a los hombres. Se le he tomado como bicho de mal agüero, pero también como un animal benéfico que puede librar a los seres humanos de catástrofes y calamidades sociales y naturales. Por ejemplo, los zapotecas le consideraban como un bicho que traía la mala suerte si llegaba a meterse en las casas, o se le encontraba por casualidad. Si se topaba uno con algún alacrán mientras se conversaba, se creía que  se trataba de un espía enviado por el diablo.

Los mayas denominaban a una constelación con el nombre de Escorpión, relacionada con el dios de la caza, cuyo nombre fue Dios  Muerte, el cual simboliza la penitencia y la sangre. Se trata de la constelación Zinaan Ek, impresionante por su tamaño.

Los mexicas denominaban Cólotl, “doblado” o “curvado”, al escorpión, deificado como el Señor de los Infiernos, Mictlantecuhtli, y símbolo del Dios del Fuego Xiuhtecuhtli, debido a que su picadura produce un ardor quemante y doloroso. Al fuego, y en general a todo lo caliente, solíase representarlo por medio de un aguijón de alacrán humeante, como el agua ardiente. Los aztecas adoraron a la constelación llamada Colotlixáyac, indicadora del momento preciso en que debía encenderse el Fuego Nuevo que se encendía cada 52 años, a fin de venerar el renacimiento del Sol.


martes, 12 de agosto de 2014

El Espejo de los Dioses

Cuenta la leyenda que a la llegada de los españoles a Michoacán, después de la caída de Tenochtitlan, un español se enamoró de Eréndira, la hermosa hija de Tangaxoan, rey de los  purépechas; la raptó y la escondió en un precioso valle rodeado de montañas.



La princesa, sentada sobre una roca, lloró tanto que sus lágrimas formaron un gran lago, y luego, desesperada por escapar, se arrojó al mismo, en donde se convirtió en sirena. Desde entonces, por su gran belleza, al lago se le llamó Zirahuén, que en purépecha significa “espejo de los dioses”.

Dicen que la sirena aún vaga por esas aguas y que en las primeras horas de la madrugada surge del fondo para encantar a los hombres y ahogarlos.

Fuente: El espejo de los dioses | Leyendas Cortas

lunes, 11 de agosto de 2014

Leyenda del Maíz (Leyenda prehispana - prehispanica)

Cuentan que antes de la llegada de Quetzalcóatl, los aztecas sólo comían raíces y animales que cazaban. No tenían maíz, pues este cereal tan alimenticio para ellos, estaba escondido detrás de las montañas. Los antiguos dioses intentaron separar las montañas con su colosal fuerza pero no lo lograron. Los aztecas fueron a plantearle este problema a Quetzalcóatl.

-Yo se los traeré- les respondió el dios.

Quetzalcóatl, el poderoso dios, no se esforzó en vano en separar las montañas con su fuerza, sino que empleó su astucia. Se transformó en una hormiga negra y acompañado de una hormiga roja, marchó a las montañas. El camino estuvo lleno de dificultades, pero Quetzalcóatl las superó, pensando solamente en su pueblo y sus necesidades de alimentación. Hizo grandes esfuerzos y no se dio por vencido ante el cansancio y las dificultades.

Quetzalcóatl llegó hasta donde estaba el maíz, y como estaba trasformado en hormiga, tomó un grano maduro entre sus mandíbulas y emprendió el regreso. Al llegar entregó el prometido grano de maíz a los hambrientos indígenas.

Los aztecas plantaron la semilla. Obtuvieron así el maíz que desde entonces sembraron y cosecharon. El preciado grano, aumentó sus riquezas, y se volvieron más fuertes, construyeron ciudades, palacios, templos...Y desde entonces vivieron felices.

Y a partir de ese momento, los aztecas veneraron al generoso Quetzalcóatl, el dios amigo de los hombres, el dios que les trajo el maíz.

Fuente: mitos-mexicanos.com